Zuccardi
Familia de viticultores y tres generaciones empujando una misma idea: cultivar vinos de montaña que cuenten, con precisión y transparencia, de dónde vienen. El camino arranca en 1963 con el ingeniero Alberto “Tito” Zuccardi y su obsesión por domar el desierto mendocino; continúa con José Alberto y su mirada expansiva; y hoy se afina con Sebastián, quien llevó la investigación del terroir al corazón del Valle de Uco y levantó, en Paraje Altamira, una bodega pensada como un homenaje a la cordillera: piedra local, concreto por dentro y por fuera, piletas troncocónicas y ánforas que permiten elaborar con mínima intervención y máxima expresión.
Las fincas —Canal Uco, Piedra Infinita, Los Membrillos, Las Cuchillas, Las Cerrilladas y Agua de la Jarilla— se cultivan y vinifican por suelo y por parcela. Son paisajes aluviales con calcáreo, altitudes entre 1.060 y 1.400 m, clima templado a frío y amplitud térmica que preserva acidez, pulso aromático y una textura de montaña inconfundible. Desde 2009, el área de I+D cartografía micro-regiones, ajusta riegos y sistemas de conducción, y define cosechas con la precisión de un sismógrafo.
El resultado es una colección de vinos pulidos por el aire seco de altura —frescos, tensos, minerales— que han llevado a Altamira a la liga mayor y a Zuccardi al panteón de las bodegas que cambian el mapa, sin perder la brújula familiar.